¿Ya nos aburrimos de los superhéroes?
Por J. Rolando Solano
"Una imagen simbólica que reviste especial interés es la de Superman. El héroe dotado con poderes superiores a los del hombre común es una constante de la imaginación popular, desde Hércules a Sigfrido, desde Orlando a Pantagruel y a Peter Pan. A veces las virtudes del héroe se humanizan, y sus poderes, más que sobrenaturales, constituyen la más alta realización de un poder natural, la astucia, la rapidez, la habilidad bélica, o incluso la inteligencia silogística y el simple espíritu de observación, como en el caso de Sherlock Holmes" (Eco, 1964).
Este fragmento, especialmente interesante, del ensayo de Umberto Eco, "El mito de Superman", que forma parte de la colección incluida en Apocalípticos e integrados, y que, por cierto, es mi texto favorito del semiólogo italiano, encapsula muy bien la fascinación que existe alrededor del género de superhéroes en el cine y televisión actualmente.
Por las pantallas, desde 2000, hemos visto desfilar a los X-men, al Hombre Araña, Blade, a Iron Man, Thor, el Capitán América, Doctor Strange, a Black Panther, la Viuda Negra y Ojo de Halcón; a los Guardianes de la Galaxia y muchos otros más. Todos ellos de la casa Marvel. DC inició cinco décadas antes, con la primera película de Superman en 1951, la serie cómica de Batman y finalmente las consagraciones más canónicas de ambos héroes, con Superman de Richard Donner en 1978 y Batman de Tim Burton en 1989 (no olvido las series animadas, ni clásicos como Hulk: el hombre increíble o La Mujer Maravilla, pero ustedes entienden).
Pero es indudable que es a partir del siglo XXI que el cine cambió para siempre al incorporar un subgénero completo dedicado a los superhéroes, en gran parte encabezado en tono y estilo por Marvel y DC. Y, a días de haber visto la película de Black Panther: Wakanda por siempre, no puedo evitar preguntarme: ¿Esa fascinación de la cual habla Eco, esa representación simbólica del ser humano, sigue siendo interesante?
Y es que hemos visto tantas iteraciones de "el viaje del héroe" de Joseph Campbell, que es inevitable pensar si hemos llegado a agotar el género. El monomito que estudia Campbell (y que inspiró a George Lucas para escribir su epopeya intergaláctica), es simple: el héroe ancestral siempre es llamado a una aventura, inicialmente la rechaza, tiene una ayuda sobrenatural, es iniciado a través de diversas pruebas, el héroe falla, muere, y regresa a la vida, para finalmente enfrentarse al mal y obtener la victoria.
Sí, lo sé. Es la historia de todas y cada una de las películas de superhéroes actualmente. Es un relato que se ha repetido una y otra vez, pues es simple y nos resuena mucho antropológicamente.
El problema aquí es precisamente esa repetición. Como nunca en la historia de la humanidad, hay un exceso de contenido narrativo en todos lados. Ya She Hulk se encargó de "burlarse" de estas historias que Hollywood parece producir sin cesar. Ahora bien, ¿Cuál es el problema principal de todo esto? Que parece ser que los superhéroes han llegado a un callejón por dos extremos, pues el camino a seguir es bastante complicado para ambos lados. Me explico.
La primera opción es seguir con el mito del héroe al pie de la letra. Ya lo hemos visto incontables veces en la pantalla grande y chica: héroes con errores, con debilidades, que ascienden a un plano casi divino y se convierten en símbolos. Superman sacrificándose decenas de veces por los humanos; Batman literalmente tuvo una película en donde la palabra "asciende" estaba incluida, convirtiéndose en una idea más allá del hombre, y que termina con la "muerte" del superhéroe; Tony Stark, Viuda Negra, el más reciente T'challa (debido a la repentina partida de su intérprete), y de alguna manera Steve Rogers: todos han muerto y trascendido. Incluso eso sigue ocurriendo actualmente: Shuri tiene una apoteosis similar en Wakanda por siempre, Strange muere (por lo menos una de sus versiones), lo mismo que Loki, Visión y muchos otros. El objetivo final del héroe es morir para convertirse en algo más. Pero a estas alturas, esa situación termina por ser anticlimática para el cine moderno: ¿Cuántas formas de morir y cuántas veces el héroe debe morir? Hoy en día sabemos que en las películas, como en los cómics, ningún héroe realmente muere. Siempre regresan, pues la historia no puede, ni debe terminar ahí. Por motivos económicos, pero también por motivos semióticos. El héroe debe existir siempre.
La otra opción es la deconstrucción y la alteración del mito del héroe mediante rompimientos de la narrativa, para sorprender y ofrecer algo diferente a la audiencia, harta de ver el mismo ciclo una y otra vez. Y así tenemos al Superman "malo" de Justice League; al Batman violento de Batman vs. Superman; a los Watchmen, y a los personajes de The Boys. A Black Adam, Deadpool, la nueva versión de Loki, Wanda Maximoff y muchos otros más. Antihéroes que no solo tienen errores, sino que no parece que busquen "el bien común".
Un caso especial digno de mención es la versión de Namor en la película sobre el héroe de Wakanda. Cumple con todas las características del viaje del héroe, pero también tiene cualidades propias del antihéroe. Tenoch Huerta, como pocos, no ha dado un personaje interesante, profundo, lo cual es raro de ver hoy en día en este tipo de películas. No es un villano acartonado y con motivaciones infantiles. Incluso su contraparte en la película de Aquaman, Ocean Master, luce hueco y francamente estúpido, a pesar de tener objetivos similares, por razones similares. La diferencia es, como siempre, la humanidad y debilidad del personaje.
Pero héroes que otrora eran puros y nobles, se han transformado en cínicos bienintencionados, como la versión de Taika Waititi sobre Thor, Star Lord y sus guardianes, Clint Barton, y la propia She Hulk.
Este es el resultado de más de 20 años de historias repetitivas, de arcos sumamente rígidos, y de actuaciones que rozan la caricatura. Finalmente, esos son los superhéroes: versiones idealizadas de las capacidades naturales del ser humano, como decía Eco. "La función principal de la mitología y el rito siempre ha sido proporcionar los símbolos que hacen avanzar el espíritu humano, en contraposición a los que tienden a atarlo", como dice Campbell (1949).
Y creo que ahí yace la disyuntiva actual del cine de superhéroes: ¿Cómo hacemos películas que creen símbolos que nos sigan haciendo avanzar y no que nos aten a una maquinaria de marketing?
Fuentes
Campbell, J. (2014) El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito (3.° ed.). Fondo de Cultura Económica.
Eco, U. (2009). Apocalípticos e integrados a la cultura de masas (1a. ed.). Debolsillo.
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