#Cartelera El Día de la Unión

La única falla de El Día de la Unión es la figura de su autor, Kuno Becker. De las cuatro tramas, la que protagoniza peca de predecible y estereotipada. Entre el melodrama flojo y el retrato hiperrealista y crudo, son dos películas en una.
Por J. Rolando Solano
El escritor, productor, director y coprotagonista del filme, Becker, entrega una película que puede ser analizada como si fueran dos.
La trama está estructurada en cuatro historias paralelas que confluyen en uno de los tantos lugares que fueron destruidos después del sismo del 19 de septiembre de 1985. En una, Max (Becker), encabeza la historia de un padre y su hijo, éste último atrapado entre los escombros del edificio donde el primero trabaja. La segunda (la más sólida), Armando Hernández interpreta a Javier, un ingeniero devenido en taxista que se ve envuelto en el desastre, y se une a las improvisadas brigadas de salvamento civil. Las otras dos: un equipo de reporteros documentando y transmitiendo en vivo la tragedia, y un hombre poderoso y corrupto que llega al punto de atentar contra la vida humana.
El primer acto de la película impresiona, es un retrato perfectamente bien construido de la tragedia, con secuencias espectaculares, un buen manejo de los efectos especiales y visuales (dentro de lo que cabe en nuestra industria), y que arranca como lo hicieran otras películas que tratan tragedias en México, como 7:19 La hora del temblor o Rojo Amanecer. Un día cualquier lleno de lo cotidiano y lo anecdótico.
El momento del terremoto podría causar envidia de producciones similares: horrorífico, realista, violento y peligroso. Sin duda la cumbre del filme.
A partir de ahí, la película se debate entre dos tonos: el hiperrealismo, sobre todo narrado por los reporteros, que combina tomas de archivo verdaderas con un buen manejo del maquillaje, la caracterización y la escenografía. El estilo documental es sin duda el camino correcto para contar esta historia: desde las múltiples referencias a escenarios reales, pasando por el "cameo" de Jacobo Zabludovsky, hasta la escena de horror en el Parque del Seguro Social. Gran montaje.
El otro tono, el melodrama, puebla el resto de la narrativa: personajes acartonados, situaciones cliché, diálogos cursis y una grandilocuencia patente a cada momento por la música dispuesta para evocar emociones, y no para complementar el mensaje de las escenas. Mención aparte para Hernández, que pese a su personaje dibujado solo en la superficie, entrega una de sus mejores actuaciones.
El día de la Unión podrá ser recordada por un excelente primer acto, su temática coyuntural y por su mensaje social y político, pero desilusiona por un tratamiento que a todas luces, en manos de un director con más recursos narrativos y estilísticos, hubiera pasado a la historia.
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