Duna: Parte Dos, la review

Por J. Rolando Solano 

Denis Villeneuve es un director interesantísimo. De todas sus películas filmadas en EEUU, ninguna tiene menos de 80% en la crítica de Rotten Tomatoes, con excepción de Enemy.

Y es que después de sorprendernos con un relato de ciencia ficción cerebral como Arrival; una digna y potente sucesora con Blade Runner 2049; y una primera Duna que ya daba atisbos de la épica que sería la segunda mitad, ahora llega con la asombrosa conclusión del primer libro de Frank Herbert, con Duna: Parte Dos.

Christopher Nolan llegó a decir que esta secuela estaba a la altura de otras obras como Star Wars: El Imperio Contraataca y El Señor de los Anillos: Las Dos Torres. Y es que pocas secuelas logran superar a sus originales. Este es uno de esos casos.

Duna: Parte Dos inicia casi inmediatamente después de la conclusión de su antecesora. Paul Atreides y su madre prófugos en el desierto de Arrakis. La Casa Atreides está deshecha, Leto muerto y la Casa Harkonnen ha recuperado el control de Duna. 

Ahora conocemos otras áreas del universo conocido: nos trasladamos al centro del Imperio, nos presentan al Emperador (soberbiamente interpretado por el magistral Christopher Walken) y a su hija, Irulan (una contenida y más callada Florence Pugh).

También hallamos el mundo principal de los Harkonnen, con su iluminación en blanco y negro, y el otro sobrino del Barón, interpretado por Austin Butler (un psicótico sádico llamado Feyd Rautha).

La forma más sencilla de definir Duna: Parte Dos es así: es más intensa, más rápida y más grande que su primera parte. Villeneuve le saca todo el juego al formato IMAX para crear encuadres épicos, en la tradición más literal de los relatos de David Lean, que por momentos recuerdan a la historia del mesiánico Lawrence de Arabia. 

Un sonido potente, ensordecedor por momentos, que nos pone en la hostilidad de la batalla, del desierto y de las grandes multitudes en las que nuestros protagonistas están inmersos. 

Una obra que podríamos llamar con todas sus letras "Banda sonora", pues Hans Zimmer construye sobre el Score anterior y utiliza el lenguaje que ya había creado para darnos música atmosférica, pero que es protagonista de los momentos de más impacto, y que, fiel a su estilo de la "pared de sonido" nos golpea con toda su fuerza en los momentos climáticos. 

Efectos visuales de última generación, en donde se nota el cuidado y tiempo en sus procesos. En una coreografía de batallas épicas, que nos hacen observar un conflicto de proporciones planetarias. 

Y un sólido reparto en donde Timothée Chalamet, Rebecca Fergusson y en especial una Zendaya en su elemento, además de Butler y Pugh, brillan y nos dan un rango muy intenso de actuaciones. Sumados a un grupo de personajes interpretados por los consumados Stellan Skarsgard, el mencionado Walken, Dave Bautista, un fantástico Javier Bardem y un cumplidor Josh Brolin. Hay un par de actuaciones inesperadas muy puntuales y muy bien escritas, que prometen mucho para la futura secuela. 

En todo caso, la secuela peca por momentos de los problemas de ritmo y duración de su antecesora, con un clímax mejor definido que la anterior, pero que igual se ralentiza en su segundo acto. Empiezo a pensar que eso se debe al material original y no a la adaptación. Sin embargo en ningún momento cansa o aburre. 

La conclusión del primer libro de Frank Herbert es enorme, más grande que la vida y con tintes que nos recuerdan a la tradición del cine de romanos y de grandes batallas.

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