Alien: Romulus. En el espacio, aún nadie puede oír tus gritos

Por J. Rolando Solano 

Hay dos ejemplos interesantes de cómo aproximarse a una querida saga de ciencia ficción cuidando el lenguaje visual y las cualidades artísticas de productos que tienen más de 50 años de existencia. 

La primera es Blade Runner 2049. Denis Villeneuve tomó el timón de esa entrega con mucho cuidado, pero le dio una actualización visual más en tono y estilo de su propio cine. Mezcló la estética retro futurista y decadente, el concepto de "tecnología usada" de la película de Ridley Scott, con el uso de hologramas, tecnología con paneles táctiles y espacios limpios.

Creó encuadres poderosos, donde usó todo lo que sabía sobre paleta de color, claroscuros, composiciones visuales y un ritmo parecido al de la película de Scott. Es más, hasta Hans Zimmer, el compositor musical, emuló el sonido de Vangelis.

Fede Álvarez hace lo mismo con Alien Romulus. En este caso, construyó un mundo en donde la antigua tripulación de la Nostromo encaja con esta humanidad pos apocalíptica, sobre todo en su primer acto, ya que nos ubicamos en una colonia de la omnipresente Weyland Yutani, que desde la primera entrega se ha presentado como una corporación opresiva y todopoderosa, dueña de las personas, su fuerza de trabajo y su libertad. Una forma de esclavismo moderno y depresivo. 


El segundo acto recuerda mucho al videojuego Alien Isolation, de donde el propio Álvarez toma inspiración, para llevarnos a una estación espacial a la deriva, en donde el misterio de los xenomorfos se construye para los personajes, más no para la audiencia, que a estas alturas sabe perfectamente qué ocurrió en la Nostromo, el ciclo de vida de la criatura, lo que está por venir. Hitchcock decía que el suspense se puede crear cuando haces partícipe al público de información que los personajes no tienen. Somos voyeristas de la perdición de estos jóvenes desvalidos. 

Los pasillos, las compuertas, los botones, las pantallas. Los sonidos. Todo meticulosamente reconstruido a partir de la estética de Alien, de Ridley Scott y Aliens, de James Cameron. 


La presencia de viejos y malévolos conocidos, androides de la compañía, sorpresas que hacen referencia a lo que ocurrió en Prometeo, y hasta recuerdos de elementos de Alien³ y de Alien Resurrección nos llevan a un tercer acto potente, un reflejo del final de las primeras dos entregas. Aquí Fede se deja llevar por su estilo de terror, el horror corporal, el miedo a las corrupciones biológicas y al mítico esquema de la final girl (final woman), nos encumbra a un cierre que promete mayores consecuencias en una posible secuela. 

Destacar las actuaciones de Cailee Spaeny y de David Jonsson, como Rain y Andy, la dupla protagónica, así como la música de Benjamin Wallfisch, que toma elementos de todas las películas previas, pero sobre todo de la partitura original de Jerry Goldsmith, sin caer en las meta referencias como recurso barato, sino con la creación de nuevos temas que expanden el lenguaje musical. 

Después de la impopular Prometeo y la desafortunada Alien: Covenant, del propio Ridley Scott, esta entrega se siente un paso en dirección a recuperar aquello que nos hizo gritar en el espacio. 

Comentarios

También tenemos para ti