Megalópolis: la obra más grande que el hombre
Por J. Rolando Solano
Eso es Megalópolis. Un proyecto enorme, inconmensurable, pero a una escala práctica que no es tan grandilocuente, ni tan épica como un podría pensar. Francis Ford Coppola hace un statement con esta película, que directamente hace alusiones a la libertad creativa y al artista como creador de mundos. A las referencias dentro de las referencias. A la meta ficción.
Caesar Catilina (Adam Driver) es un arquitecto visionario que lleva a cabo el mega proyecto de construir una ciudad futurista a partir de un material que él descubrió: el megalón, una especie de piedra filosofal de la construcción de ambientes interactivos, responsivos y sustentables.
Se le opone el alcalde de Nueva Roma (Nueva York distópica), Franklyn Cicero (Giancarlo Esposito), que es ultraconservador, con una visión utilitaria, consumista y capitalista de lo que una ciudad debe ser.
La película es la lucha entre estos dos personajes, y de alguna forma, entre la visión cínica de la humanidad y un futuro idealista y filosófico.
Aderezan Nathalie Emmanuel como Julia, hija del alcalde, una socialité que pronto es transformada por la visión utópica de Caesar; Jon Voight como Hamilton Crassus, un magnate, tío de Caesar; Shia Labeouf como Clodio, el hijo hedonista y superfluo de Hamilton; y Aubrey Plaza, como Wow Platinum, una personalidad de televisión con mucha influencia y con sed de poder desmedida. Cierra Larry Fishburne, como el chofer de Caesar, Fundi. También sirve de narrador.
Estos personajes son a todas luces arquetipos de la literatura más clásica posible, versiones monolíticas de los cánones de la literatura y el drama griego y romano.
He leído críticas que dicen que uno no conecta con ninguno de ellos. Creo que ese es el punto. Son versiones que no son humanos, son personajes de una tragedia griega, dispuestos como figuras más grandes que la vida misma, más mitos que humanos.
No es ni de cerca tan mala como dicen, de hecho, me entretuvo, pero tampoco es la obra maestra. Se basa en arquetipos sumamente históricos en una historia clásica, contada con una estética art decó futurista.
Es un ejercicio creativo y caótico, pero que cumple con su premisa, en una historia sencilla, pero contada de forma épica y grandilocuente. La película se cae a ratos, y la narración se acelera y ralentiza a voluntad de la historia. Merece la pena verla en el cine.
Se agradece que cineastas como Coppola aún entiendan que el cine es movimiento, luz, sonido e imágenes que resuenan. Saturados de un cine de franquicias, se siente, aunque fallida por momentos, original, inspiradora y que deja espacio para la reflexión del futuro del cine.
Es la gran obra de Coppola, y diría que su canto de cisne, a reserva de su retiro. Es, como dije, un statement. Una historia que debía ser contada.
PD. En mi sala no salió nadie a interactuar con la pantalla. Es una edición con la voz ya grabada.
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