Nosferatu: la obra definitiva, review
Durante varios años, en Estados Unidos sólo la Hammer en Universal hizo grandes trabajos, con portentos como Bela Lugosi y Christopher Lee.
Sin embargo, en 1922, Friedrich Wilhelm Murnau estrenó en Alemania su versión del relato del vampiro, Nosferatu, una obra de cine mudo incomparable, y uno de los mejores ejemplos del expresionismo alemán de la época.
La historia de su producción es famosa, pues, para evitar tener que pagar derechos por la obra de Stoker, Murnau y los productores cambiaron nombres y locaciones para diferenciar lo suficientemente la historia. Drácula se convirtió en Orlok; Jonathan y Mina Harker, se convirtieron en Thomas y Ellen Hutter. Y el escenario de Londres, en la ciudad alemana ficticia Wisborg.
Después del estreno, indignada por el uso de la historia de su difunto esposo, la viuda de Stoker demandó a la producción, ganó y finalmente, se ordenó la destrucción de todas las copias. Afortunadamente, algunas de ellas sobrevivieron, y eso convirtió a Nosferatu en un clásico atemporal.
Robert Eggers (La bruja, El Faro, El Hombre del Norte), nos trae una nueva versión de este relato, que Werner Herzog ya había logrado con éxito en los 70.
Los sellos y signos del director están por todos lados. El horror ambiental, la oscuridad que ensombrece todas las escenas, la atmósfera sugestiva. Ahí está todo.
Es, sin duda, el Magnus Opus de Eggers, tomando referencia directa al clásico, pero también a la versión de Herzog y hasta a Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola.
Con actuaciones poderosas, sobre todo por parte de Lilly Rose Depp (que resulta un talento que Eggers nuevamente lanza al estrellato, como pasó con Anya Taylor Joy), y también de Aaron Taylor Johnson, que nos demuestra que es mucho más que un actor de acción. Una mención especial al siempre cumplidor y maravilloso Willem Defoe, en una versión excéntrica y sumamente divertida de Van Helsing, aquí renombrado Von Franz.
Un estilo visual envidiable, una obra de arte en cada encuadre, un diseño de producción meticuloso y un trabajo magistral de maquillaje para el ya consagrado Bill Skarsgard, en el papel del conde, aunque el sueco tendrá que salir rápido de este tipo de personajes si no quiere encasillarse. Este Nosferatu es imponente, una presencia irresistible y violenta, a diferencia de la versión delgada y espectral de Max Schreck.
Es interesante que Eggers toma la decisión de hacer una versión más parecida a la descripción que hace de Drácula el autor original. Incluyendo un detalle bastante curioso, pero que sin duda aporta personalidad a esta versión.
Hay que resaltar que el estilo críptico de Robert Eggers, sus diálogos que sólo son insinuaciones, a veces complican innecesariamente la trama de esta película. Muchas de las explicaciones quedan "a medias" y eso se explica por la obsesión del director por darle prioridad a la experiencia audiovisual y atmósfera, más allá de la historia.
Lo mismo pasa con ciertas repeticiones y reiteraciones a mitad de la película, que terminan por reducir el ritmo, y curiosamente, el tercer acto se apresura nuevamente.
Colocaría Nosferatu de Robert Eggers en un cercano segundo lugar, pues, para este servidor, la versión de Coppola y ese Drácula de Gary Oldman siguen siendo la mejor representación del conde de Transilvania. Pero esta interpretación es interesante, apasionante y terrorífica, y es la mejor versión de este siglo, sin lugar a dudas.
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios y enriquece esta comunidad.