El Brutalista: épica y la historia del cine (review)
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Por J. Rolando Solano
El Brutalista es un bello ejercicio de cinematografía clásica, tanto en forma como en contenido, que deja con un sabor a cine épico en cada fotograma.
El argumento. Un sobreviviente húngaro del Holocausto llega a Estados Unidos persiguiendo el sueño americano. Este arquitecto y diseñador de la escuela Bauhaus se abre camino en la sociedad americana de la posguerra, mientras lucha sin descanso por traer a su esposa y sobrina, que siguen atrapadas en Europa.
Luego de que complejo y excéntrico empresario americano lo contrata para construir un edificio emblemático, László y su familia descubren lo intrincada y peligrosa que puede ser la sociedad estadounidense.
El tono y la forma. El Brutalista desde sus primeros planos se presenta como una obra épica, grandilocuente, inconmensurable, en la usanza del cine de la época de los grandes estudios en Hollywood. Por momentos recuerda a producciones como Casablanca, Lo que el viento se llevó, Dr. Zhivago y otras joyas de David Lean.
El hecho de que Brady Corner, el director, decidió filmar en 35 mm con cámaras VistaVision le aporta esta cualidad casi reverencial por la historia del cine. Un plano rico en texturas, donde los colores de saturados reinan, tanto como las propias obras de László, a través de un brutalismo que no sólo está en la arquitectura, sino en la misma construcción y edición del filme, que, además, cuenta con un intermedio integrado en la película, de 15 minutos, y con una cuenta regresiva, que nos prepara mediante el sonido para un segundo acto que ya es otra película, cuando entra en escena la esposa de László, Erzsébet, y su sobrina, Zsófia.
La potente fotografía llena de imágenes enormes que abarcan todo el campo de visión, inmersiva (De Lol Crawley), se complementa con la bella y poderosa partitura original de Daniel Blumberg, que llena cada cuadro de sonido disonante.

Los intérpretes. Vaya que Adrien Brody nos recuerda a otro de sus grandes papeles, que le dio un Óscar hace más de veinte años, por interpretar a otro sobreviviente del Holocausto judío, en este nuevo personaje. Es el epítome de la mente visionaria, creativa, pero empañada por el trauma y los vicios, en parte ocasionados por el infierno que vivió en Europa, pero también por el infierno que vive en la tierra de las oportunidades.
Felicity Jones regresa con otro de esos papeles de soporte que roban cámara mientras aparece a cuadro, como lo hizo en La Teoría del Todo, en aquella ocasión en oposición a Eddie Redmayne, pero con un papel más complejo, más duro, más visceral, ya que le brinda a Erzsébet una cualidad humana, compleja. No es un personaje idealista, pero tampoco es un retrato oscuro. Es, simplemente, una mujer quebrada en cuerpo y espíritu por los horrores de la guerra, pero con una resiliencia que sorprende.
Y finalmente, tenemos a Guy Pierce, que interpreta al excéntrico empresario Harrison Van Buren. Un personaje que retrata de forma descarnada y sin tapujos, lo mejor y lo peor de la sociedad americana. No diré más.
El Brutalista me impresionó. Es la mejor película que he visto en el año, y dudo que algo mejor se le ponga enfrente. No sé si se llevará el Oscar, pero de que lo merece, lo merece.
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