Jurassic World Rebirth: en peligro de extinción

Por J. Rolando Solano  

El prólogo introductorio de Jurassic World Rebirth nos presenta un mundo algunos años después de la anterior entrega, en donde los dinosaurios, que desde Jurassic World: Fallen Kingdom vagan por la Tierra libremente, se están extinguiendo nuevamente ¿Por qué? Simplemente las condiciones del planeta en la actualidad son incapaces de sostener la vida de estas criaturas.

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El público (dentro de la ficción), ha perdido el interés por las otrora maravillosas bestias, y nadie está invirtiendo en sus cuidados ni en su desarrollo. En otras palabras, están muriendo.

 Es, por desgracia, justo lo que está pasando con la longeva franquicia iniciada por Steven Spielberg en 1993, basada en la novela de Michael Crichton: ésta también está muriendo, y no hay muchas esperanzas de que sobreviva. 

Después de una irregular trilogía bajo la producción de Spielberg, pero con la dirección de Colin Trevorrow y J. A. Bayona que tuvo altas y bajas, Jurassic World: Renace, como se llama en español, es, una vez más un intento de revitalizar la franquicia que sigue haciendo dinero, en esta ocasión bajo la dirección del ya experimentado Gareth Edwards (Godzilla, Rogue One, The Creator), con amplio portafolio en el cine de espectáculo y el CGI, que no sale muy bien parado.

La historia de esta entrega regresa a la fórmula original: una mezcla de científicos, comandos armados y niños con sus familias quedan atrapados en una isla donde InGen desarrolló hace 17 años algunas de las atracciones más impactantes del parque Jurassic World (no confundir con el parque original, Jurassic Park).

El caso es que un ejecutivo de una poderosa farmacéutica (Rupert Friend) contrata a Zora (Scarlett Johansson) y al paleontólogo Henry Loomis (Jonathan Bailey) para ir a la mencionada isla y recuperar ADN de tres especies muy especiales de dinosaurio para con él crear una solución a los problemas cardíacos de los seres humanos. Se les une un comando formado por el capitán del barco Duncan Kincaid (Mahershala Ali) y tres compañeros más para hacer frente a la travesía que recuerda un poco al inicio de The Lost World: Jurassic Park (1997), la segunda entrega.

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Todo se complica cuando se les une la familia latina conformada por Reuben y sus hijas, Isabella y Teresa, así como el novio de esta última.

De aquí en adelante, tenemos el clásico espectáculo de dos horas de dinosaurios, persecuciones en la jungla, momentos de puro terror y mucho CGI.

El problema es que, desde el inicio, ninguno de estos personajes te interesa, pues su presentación es tan genérica y bidimensional, que ya sabes quienes morirán desde el principio.  No es hasta que aparece la familia que realmente sientes que inviertes en la historia, que está dividida en dos relatos paralelos: el comando y el grupo familiar de Reuben. Y es este segundo el que saca grandes momentos, especialmente con la interacción entre Reuben (Manuel Garcia-Rulfo) y Xavier, el novio de su hija (David Iacono).

Del otro grupo, sólo Henry (Bailey), el paleontólogo, y Duncan (Ali) generan personajes entrañables, con los cuales vas conectando poco a poco. Rupert Friend interpreta el cliché del empresario avaricioso de forma tan estereotipada, que sabes perfectamente qué va a ocurrir con él, y Scarlett pareciera que está ahí para cobrar el cheque, presentando una interpretación ligera y con buen humor, pero tan plana y aburrida que es el personaje menos interesante.

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Y es que este es el principal fallo de la película: sin los dinosaurios, que aparecen a  lo largo de la historia en momentos clave, lo que dicen y sienten los humanos es totalmente aburrido y desangelado. Me encontré en mi butaca esperando con ansias el próximo momento en donde habría monstruos gigantes.

Y, hablando de ellos. Si bien el CGI es impecable y hay maestría y arte en sus diseños, se ha perdido ese factor de asombre que hace a Jurassic Park tan inmortal como película. Podías sentirlos, te emocionabas con Alan y Ellie ante la majestuosidad; y te preocupabas como Ian Malcolm por los riesgos de jugar a ser Dios.

No hay nada en esta película que nos muestre a estos animales de una forma remotamente original, pues casi todas sus escenas son reinterpretaciones de algunas de las secuencias más icónicas, pero con bichos más genéricos y con menos personalidad.

¿Querías ver herbívoros pastando de forma majestuosa? Los tenemos, con ángulos casi idénticos a la original ¿Te interesa ver otra vez a los velocirraptores? Tenemos una versión nueva, mutada, pero sin un ápice de la villanía de aquellos que podían abrir puertas y mirar de reojo ¿Quieres al antihéroe por excelencia, el T-Rex? Aquí está, con una sola secuencia, que, curiosamente, fue recuperada del guion original de Jurassic Park, pero que en su momento no se rodó por las complicaciones de meter al dinosaurio al agua. He de decir que es la escena con dinosaurio mejor lograda del filme, y técnicamente Spielberg hizo la mitad del trabajo hace más de 30 años.

Después de mostrar a una criatura mutante, más parecida a Godzilla que a un dinosaurio como el "villano principal", el tercer acto se apresura rápidamente y cuando menos te das cuenta, ya terminó. Fin.

Para esta entrega, Spielberg y compañía consiguieron al guionista original, David Koepp, pero ni él supo qué hacer con esta historia. Un desaprovechado Alexandre Desplat en la música demostró que es un hábil artista que jaló de todos los temas originales de John Williams, pero que falla en crear un sonido propio para su score, que peca de genérico y orientado a las piezas que acompañan la acción. Un par de piezas se salvan, empezando por aquella que acompaña la escena del mosasaurio al inicio.

Jurassic World Rebirth cumple la premisa de su propia trama: como los dinosaurios de este mundo, parece que vive en una franquicia que está condenada a la extinción. 

 

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