La última infantil de Miyazaki

Por J. Rolando Solano

No sé por qué Miyazaki siempre me hace llorar. Hace películas llenas de amor, inocencia, y al mismo tiempo extrañeza y surrealismo. También son historias de mundos secretos, que uno quisiera explorar más allá de la hora y media que nos deja ver en sus películas. Ponyo, una de las últimas películas de Hayao que me faltaba, es fascinante, hermosa y llena de amor por la animación.

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