El Pingüino: Escribiendo villanos como protagonistas

Por J. Rolando Solano 

Anoche culminó la serie limitada El Pingüino (The Penguin, 2024), y, sin duda, es de lo mejor que hemos visto en la pantalla del universo de Batman, DC o incluso de las series en general de este año. Después de ocho capítulos, tengo una idea clara de tres aspectos de la serie que son notables, y que, desde mi perspectiva, representan un cambio de paradigma en lo que se refiere a las series basadas en universos de cómic. 

La serie se sostiene por sí misma 

Un problema clave que de las series que funcionan como spin off de otras, o de alguna película, es que por lo general, no pueden evitar ser satélites de la IP principal. La historia constantemente recurre al fan service, a la inter textualidad y las meta referencias para ser interesante y "sorprender". Pasó con El libro de Boba Fett (2022), que, en sus últimos episodios se convirtió en una especie de El Mandaloriano Temporada 2.5, al incluir a Mando y Grogu como protagonistas indiscutibles de algunos episodios, lo que terminó por desdibujar la trama. 

El Pingüino no lo hizo. Es la historia de Oz Cobb, y siguió siendo la historia de Oz todo el tiempo. Todas las actividades que tienen estos delincuentes nunca fueron tan "alarmantes", como para llamar al cruzado encapuchado. Nada de referencias a Joker, Harvey Dent ni Gordon. La mayor y única, fue la aparición del Asilo Arkham, y queda completamente justificado. 

Los villanos pueden ser protagonistas 

Loki (2021 - 2023) y Venom (2018 - 2024) son los ejemplos perfectos de esta tendencia de tratar de  contar historias en donde los villanos generan empatía con el espectador, donde terminamos "justificándolos", o, de la nada, buscan una redención que los convierta en héroes. Kraven (2024), va por el mismo camino. 

En El Pingüino, los villanos son villanos. Por mucho que Oz nos llegue a caer bien por momentos, inmediatamente después vemos algo atroz y un aspecto muy oscuro de su personalidad. En el final de la serie, nos cae el 20 completamente: Oswald Cobbelpot no es un buen hombre, no es un antihéroe, no es un hombre llevado por sus circunstancias. Es un ser bastante mezquino, despreciable y traicionero. No digamos que otros personajes no nos lo advirtieron. 

Y es que se puede construir una narrativa en donde el protagonista no tiene por qué hacer clic con los valores de la audiencia. No debe tener elementos redimibles en automático, ni debe ser "gracioso". Incluso la antagonista, Sofía Falcone, tiene el mismo tratamiento. Nos compadecemos de ella y a veces empatizamos con su causa, pero inmediatamente después sentimos un nudo en el estómago por sus acciones.

El mundo de los cómics no tiene que estar peleado con el buen drama

Se suele argumentar que las películas basadas en cómics no tienen calidad en sus interpretaciones. Son personajes bidimensionales sin profundidad, ni desarrollo de un carácter. Nos acostumbramos a recibir historias risibles, con actuaciones mediocres y acartonadas. 

El Pingüino (como antes Joker, de Todd Phillips), vino a cambiar el paradigma. Se puede tener las dos cosas: una historia donde aparecen superhéroes y villanos, pero también un drama intenso que demanda lo mejor de sus actores. 

Y es que lo que hacen Colin Farrell y Cristin Milioti con sus respectivos personajes es enorme. Construyen personajes con tantas aristas, con tantos matices, que te preguntas si estás viendo Los Sopranos o Breaking Bad. Ésta es la calidad que merecen las audiencias.

Las cosas cambiaron. Se rompió la rueda. A partir de hoy, vamos a exigir cosas diferentes de estos shows.

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